martes, 29 de noviembre de 2016

CRÍTICA: GENTE QUE NO ES YO de Hadas Ben Aroya





Gente que no es yo (People that are not me), Israel, 2016.

La ópera prima de Hadas Ben Aroya se llevó el Astor de Oro a Mejor Película en la 31 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. 




La película narra la historia de Joy, una adolescente de veintitantos que, afectada por el final de un romance, intenta llenar el vacío a través del sexo, la comida chatarra y la música que escucha con sus enormes auriculares.

Prisionera de su propia alienación, sin otra preocupación que su eterno presente, habitante solitaria de una exclusiva isla privada, va de aquí para allá libre de compromisos e ideales.

Pero, como bien dice el título, existe otra gente que no es ella. O, para decirlo de otra manera, existe gente que no es igual que ella. Es el caso de aquel antiguo novio que le escapa como si estuviera frente al demonio; es el caso de aquel amante ocasional que prefiere el amor en la intimidad antes que el sexo casual y apresurado que ella propone.

Sin necesidad de abundar en más vicisitudes que las expresadas, la joven directora israelí Hadas Ben Aroya se revela como una verdadera entendida en economía discursiva dado que por debajo de la línea de flotación de su sencillo relato bulle todo aquello que la obra soslaya, lo que evita decir: La ausencia latente, el fuera de campo efervescente, de la sociedad, la historia y la política.

En los tiempos que corren, podría decirse, no hay lugar para aquella totalidad que se denominaba “mundo” ya que de aquel todo sólo quedan los fragmentos dispersos, los desiertos individuales, las pequeñas islas perdidas. Ese es el mundo en el que transcurre la película; el actual, el de Joy.

Sin embargo, la alegría (Joy en inglés) no es sinónimo de felicidad y en una escena final de antología, se verá a la protagonista aferrándose con pies y manos a un pasado amoroso que, una vez más, la rechaza.


lunes, 28 de noviembre de 2016

31º FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATA



MATÍAS PIÑEIRO en la presentación de HERMIA & HELENA.





 Charlas con maestros:  VITTORIO STORARO.




JOSÉ MARTINEZ SUÁREZ (Presidente del Festival) y FERNANDO MARTÍN  PEÑA (Director Artístico) junto a CARMEN GAYO en la prsentación de EL VAMPIRO NEGRO.




MAURO SARSER, Director y actor de LOS MODERNOS, en la presentación de la película.



 Charla con GABRIEL SPAHUI, protagonista de SCARRED HEARTS.



RAINER FRIMMEL, co-director de MISTER UNIVERSO, en la presentación de la película.



martes, 9 de febrero de 2016

NOTA PARA EL DIARIO MI BELGRANO: ARRIBEÑOS, UN BARRIO CHINO DE PELÍCULA





http://www.mibelgrano.com.ar/barriochino/barriochino10022016.html




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Diario Mi Belgrano. Febrero 2016
Transcripción de la nota:


ARRIBEÑOS, UN BARRIO CHINO DE PELÍCULA.



     Las primeras imágenes corresponden a un tren en movimiento. Las ventanillas, las figuras difusas en el interior, el blanco y azul de los vagones apenas si dejan entrever su forma, se deslizan a toda velocidad como fantasmas persiguiendo una realidad que los contenga. De pronto la formación despeja la pantalla y una quietud momentánea, enmarcada por el imponente arco de acceso al Barrio Chino, pasa a dominar la escena. 
Enseguida empieza el movimiento: un vecino cruza las vías apurado, se levantan las barreras, los automóviles aceleran, una multitud invade las veredas.


     En uno de los tantos trenes que corren paralelos a la calle Arribeños, una vez al mes, desde Tigre, según el poema de Song Lin cuya letra acaricia y carga de sentido a la película, viene una persona a recuperar un trozo de su patria y de su memoria al Barrio Chino de Belgrano. Durante todo el día dicha persona recorrerá lentamente esas cuadras, mirará las novedades, conversará con algún conocido y por fin, al atardecer, con sus bolsos cargados de productos (la excusa para venir) regresará a su ciudad con el corazón rebosante de recuerdos. Y de fantasmas.



     “El poema fue un gran hallazgo”, cuenta Rodríguez, “que apareció cuando empecé a investigar en la cultura oriental. De cine algo conocía, y de poesía tenía una antología contemporánea que había sido publicada en la Argentina. A principios de la década del 70, Song Lin estuvo unos meses acá y a partir de esa experiencia nació este poema titulado “Barrio Chino”. Por suerte lo encontré, casi por azar, al principio y de alguna forma resultó clave para algunos momentos del relato y sintetizaba muchas de las cosas que yo quería decir.”

     Arribeños se nutre de muchas historias similares a la que narra el poema. Todas historias de fantasmas. De lugares y personas que van mutando, de imágenes atesoradas en el recuerdo, de sensaciones acurrucadas en la memoria.

     Marcos Rodríguez confía en la imagen, de los protagonistas sólo se escucha la voz en off. Son ellos quienes, con mayor o menor dificultad en el dominio del idioma, van desgranando sus historias mientras la cámara deambula por el barrio. Se detiene en una persiana que se levanta, curiosea en interiores, recorre objetos y comidas, circula entre los paseantes, investiga. E insistentemente, siempre, vuelve a los trenes y a las vías. 

     Así aparecen las historias de los chinos que llegaron durante la primera mitad del siglo XX y que se radicaron en localidades cercanas a Buenos Aires constituyendo pequeñas cooperativas de horticultores y también se desgranan las historias de los que vinieron después, durante la gran inmigración taiwanesa de principios de los noventa, y que se dedicaron casi exclusivamente al comercio minorista. Y las historias de sus hijos y las de sus nietos.

     Uno de los protagonistas de Arribeños, Carlitos Lin, hace un tiempo, le confiaba a Mi Belgrano: “Mi Nombre original es: Lin Wen Chen (Bosque de idioma firme) Me conocen como Carlitos Lin. Tengo 35 años y si bien soy de origen Chino/Taiwanes, desde los 2 años estoy radicado en Buenos Aires.
Me formé como Comunicador Social UBA y Locutor Nacional ISER y me recibí en el año 2005. Me formé en la profesión con Juan Alberto Badia en el programa Estudio País 24 entre 2007 y 2010. Actualmente conduzco CHINO BASICO un programa de Tv en Metro donde enseño el idioma chino mandarín (www.chinobasico.com). Soy Locutor de Cabina en Canal 7, la Tv Pública y también maestro de ceremonias para la embajada China y el Consulado Taiwanes. Desde hace 2 años conduzco el Mundial de Tango, el Campeonato metropolitano de baile y la noche de las milongas.”

     En ese mismo sentido, cargada de anécdotas e historias de vida, con alegría o desencanto, la película Arribeños se desliza cariñosamente entre la gente del Barrio Chino.
     Rescata las vivencias de aquel chino pintor que, recién llegado a argentina y tal vez urgido por la necesidad de integración, empezó a pintar con formas occidentales y que un buen día sintió la necesidad de recuperar su historia y se puso a pintar, frenéticamente, a la manera oriental.
     Presta oídos a aquella joven china que dice amar la leche y que, recién con su llegada a la Argentina, por primera vez en su vida, consigue darse el gusto de consumirla en abundancia.
     O a aquella otra que ganara papel higiénico como todo premio en un festival. Un camión lleno de rollos de papel higiénico, para alegría de su padre comerciante.
     Tampoco faltan las anécdotas de los nombres. Carlitos, Hugo, etc. Nombres nuevos, generalmente elegidos de manera unilateral por algún argentino que no conseguía retener los imposibles nombres chinos.
     Quedan también reflejadas las historias del trabajo febril y la renuncia a lo superfluo. Y el desinterés de algunos por sus afectos familiares en aras del progreso y de una mejora económica y social.
     Están también las historias comunes a todos: el templo, las festividades, la sede de la colectividad.

   
     En casi todos los testimonios flota de manera perceptible la idea de hallar un espacio común, a salvo de la subjetividad de la memoria, donde depositar y mantener el legado y, tal vez mediante ciertos ejercicios rituales, ver como se actualiza, en una porción de la tierra nueva, la añorada tierra lejana. Esas son las historias que cuenta Arribeños.
     Pasa otro tren. Pasan muchos trenes. Tal vez en uno de ellos regrese a Tigre la persona del poema. No lo sabemos. Tal vez ya sea un fantasma como tantos otros. Como la lejana China de origen para el chino que vive en Argentina.
     Un fantasma como ese Barrio Chino, del año 2015, que retrata la película. Un barrio que, inasible y fugaz, como todas las cosas, hoy ya se muestra cambiado.


Arribeños (Argentina/2015). Guión y dirección: Marcos Rodríguez.

sábado, 29 de noviembre de 2014

CRÍTICA: JAUJA de Lisandro Alonso

JAUJA - LISANDRO ALONSO (Argentina/2014)




“El desierto crece”
Friedrich Nietzsche


   En Jauja, sobre el final de la película, se observa a una niña europea, del presente, que despierta de un sueño. Recién en este momento (y en una de las posibles interpretaciones del guión), el espectador comprende que ha estado participando de las imágenes de ese sueño.
   En la historia principal que ocupa casi la totalidad de la película, o lo que esas imágenes soñadas narraban, la niña se veía a sí misma recorriendo el sur argentino junto a su padre (Viggo Mortensen) en la última mitad del siglo XIX, en plena conquista del desierto.
   Después los sucesos se desencadenaban y, a lo mejor como un reflejo inconsciente de sus deseos escondidos, la niña se escapaba junto al soldado que la tenía enamorada.
   Una vez muerto éste, ella se pierde, sola, en la inmensidad patagónica. Es entonces cuando el padre va en su búsqueda contra la advertencia de la tropa: mucha otra gente se ha perdido en el desierto y esas personas jamás han regresado a la civilización.

   La frontera es aquel sitio que separa lo uno de lo otro. Sólo que esa separación nunca es rígida y continua. Es más bien laxa, porosa, permeable.

   (En la argentina de aquellos años existía una frontera, tierra adentro, que imponía un límite a la amenaza indígena. Límite poroso, según se acaba de afirmar, tanto para un lado como para el otro.
   En términos simbólicos, la civilización, que quedaba interrumpida más allá de la zanja de Alsina y su línea de fortines, muy bien podría representar el cosmos, el orden, lo conocido, la construcción racional del hombre; mientras que el caos, lo sin forma, lo irracional estaría representado por la inmensidad del desierto).

   En esa frontera transcurre Jauja, en su multiplicidad de lecturas. No sólo en la frontera entre la civilización y el desierto sino en todas las fronteras que separan lo de acá de lo del otro lado.

   En Jauja hay quienes desafían al desierto y se van más allá de los límites (racionales). Lo irracional, entonces, en cualquiera de sus formas, para ellos, deja de ser una posibilidad remota y se transforma en un hecho.

   La frontera entre la realidad y el sueño (dicho en referencia a la niña europea que despierta) también puede ser permeable, difícil de cerrar. Tal es así que a uno de sus bellos perros europeos le aparece la misma herida que tuviera igual perro en su sueño patagónico ¿O acaso es el mismo perro del sueño que se ha quedado de este lado?

   Además, y pensando el tiempo -al decir de Fontán- como un remolino, la niña encuentra en el parque de su casa, en el presente, un soldadito de plomo en perfecto estado. Es el mismo soldadito que se ha visto, viejo y herrumbrado, en la historia soñada. Luego, aquello que, en orden cronológico, debería estar primero termina apareciendo después (al soldadito se lo ve viejo en el pasado y reluciente en el presente).
   La niña, para terminar, lo arroja al estanque. Y el soldadito reaparece en el pasado, en aquel remoto confín del mundo, con los mismos personajes. Para volver a empezar.



viernes, 3 de octubre de 2014

CRÍTICA: PERDIDA de David Fincher

 
PERDIDA (Gone Girl, ee.uu. /2014) - Dirección: David Fincher /  Elenco: Ben Affleck, Rosamund Pike, Neil Patrick Harris, Tyler Perry, Carrie Coon, Kim Dickens.

  

   Perdida trae de regreso a David Fincher, aquél que después de filmar Zodíaco se fuera de copas con Benjamin Button.
 
   La película narra la historia de Nick (Ben Affleck) y de su esposa Amy (Rosamund Pike). El conflicto se desencadena cuando, sorpresivamente, la mujer desaparece de su propia casa y los rastros de violencia encontrados hacen presumir un horrible desenlace. Todas las miradas se posan en Nick; se sospecha que él la ha matado y que ha hecho desaparecer la evidencia (el cuerpo, la materia).
   Y ella que, para colmo de males, de los males del atribulado Nick, no aparece por ningún lado. No la encuentran, desapareció de la faz de la tierra, se le ha perdido el rastro.

    Ella, Gone Girl, la perdida.

   Fincher, en la película, desde la artificialidad de la forma, desde las conductas de sus personajes, torna patente la dificultad para distinguir lo falso de lo verdadero en un mundo donde, como en el cine, todo es representación. Porque en “Perdida” nada es lo que parece; allí todo es simulacro, apariencia, verso, cuento. Las personas mienten, las imágenes mienten. 

    Y ella, Amy, la mujer perdida, es la peor de todas. Se ha vuelto puro simulacro.

   ¿No es lícito preguntarse entonces qué es lo que en realidad se ha perdido? ¿Qué es lo que ya no está?

   Lo que se ha perdido, lo que ha desaparecido, lo que se ha clausurado definitivamente en estos tiempos, sugiere Fincher, es la puerta de acceso a la realidad. A la verdad misma. Porque ésta ha sido sustituida por la pura representación.

   La única verdad, aquí y ahora, es que ya no existe la verdad. Esa es la única realidad. 

   En el final de "La dama de Shanghai" (Orson Welles - 1947), la destrucción de todos los espejos -los innumerables simulacros detrás de los cuales se escondía la realidad- desvelaba finalmente la verdad.
   Fincher sostiene que esa verdad, en el mundo que nos toca en suerte, ya no es tal sino que se trata de otro simulacro. Es un nuevo juego de espejos; otra mentira, otra representación. Sólo que ese laberinto de espejos -el de ahora- es más sofisticado, más etéreo e inasible que nunca.
   
   Dan ganas de balearse en un rincón, como dice el tango.
   Es para quedarse despierto toda la noche, con la misma resignación y miedo de Nick en el final de la película, agarrado a un osito de peluche.







viernes, 11 de abril de 2014

APUNTES: JOURNEY TO THE WEST de Tsai Ming-Liang

Journey to the west (Xi you/Francia-Taiwan/2014) / Dirección: Tsai Ming-Liang


   Tsai propone formas. Así en el cine como en la vida.

   Una ciudad de hoy puede ser cualquier ciudad; un inmenso bloque de cemento informe que todo lo absorbe y lo diluye. La ciudad, en la obra de Tsai, deglute al hombre. Y Tsai propone otros ámbitos para recuperar la vida.

   En Journey to the west, al exceso de movimiento de la ciudad le opone el movimiento mínimo. Hay un monje que se desplaza por las calles en cámara lenta. El monje parece clavado en su sitio. Y se abre el abismo del ser y del tiempo. Y la ciudad aparece en toda su desmesura ¿Por qué el apuro? ¿Adónde va esa gente? ¿Quiénes son? ¿Qué hacen?

   Tsai obliga, por quietud, con su monje en cámara lenta, a mirar de otro modo. Y si la mirada importa, entonces cabe la pregunta: ¿Adónde va el cine tan apurado? ¿De qué habla? ¿Cómo habla?

   Un occidental, un actor francés, comienza a seguir los pasos del monje. A su ritmo. A lo mejor es un principio. Tsai, extremista de la idea y de la forma,  propone.